Análisis de libro: El Circo de Ferdinand

Cuando se percibe el fin en los comienzos,
se va más aprisa que el tiempo. La
iluminación, decepción fulgurante, otorga
una certeza que transforma al desengañado
en liberado.
Émile M. Cioran

De acuerdo con Víctor Bravo, la alteridad “es una de las formas de los procesos ideológicos de la cultura”. Estos procesos se basan en una estructura binaria irreductible que, paradójicamente, pasamos la vida tratando de reducir. En este contexto, la parodia es “el discurso que mejor pone en escena la alteridad, pues su sentido último…es develar la dualidad del mundo: frente a la seriedad de la ley, la risa; frente al rostro, la máscara”.

En base a esto, podemos decir con certeza que El Circo de Ferdinand es una gran parodia de principio a fin, que sólo con palabras se dedica a desgarrar los rostros prefabricados de la sociedad, la iglesia y el mundo para develar “ese otro irreductible” que se encuentra detrás y sin cuya existencia (disculpen si hiero sistemas de creencias) ¡El mundo sería aburridísimo!. La cosa está en el equilibrio, por supuesto.

Todos sabemos que si no hubiese oscuridad, la luz sería completamente incognoscible; sin embargo, pasamos la vida en búsqueda de la luz y el ejercicio que hace Stefanía Mosca en El Circo de Ferdinand apunta a este instinto básico. Y ¿Qué mejor forma de buscar la luz que develando lo que hay de oscuro en todo lo que se viste de correcto?

Sin embargo, antes de entrar en mayores consideraciones morales acerca de la novela y sus formas de parodia, me parece interesante detenernos un momento en la forma más básica de la alteridad.

La alteridad en el existir

El Circo de Ferdinand es una historia de muerte a todo lo largo del relato, y si lo consideramos en el contexto de la trilogía inconclusa en la que se inserta, podemos decir que es una historia de muerte circular. La historia de la trilogía parte del auge y la destrucción de Mi Pequeño Mundo, transita hacia la vida, el matrimonio, la sociedad y el caos, cae en la tragedia del Circo de Ferdinand y termina con la leve esperanza de que Eugenio Celeste encuentre a la mujer que vio morir dos veces, Sheyla. Personalmente, no creo que Stefanía Mosca haya planteado esto como algo casual.

La existencia es la máxima expresión de la alteridad, y para su contraparte elaboramos proporcionalmente magníficas cárceles que, en la mayoría de los casos, son inconcientes, instintivas e incombatibles.

De acuerdo con Freud “En el inconsciente todos estamos convencidos de nuestra propia inmortalidad”, ya que si todas nuestras experiencias se remontan a un tiempo que se mantiene transcurriendo a partir del momento en que comenzamos a vivir, lo que éramos antes de eso; es decir, nada, es algo imposible de recordar y sentir.

Stefanía Mosca, sin embargo, intenta quitarle uno de sus múltiples velos a la muerte y, mediante ello, elabora una forma de parodia existencial. La muerte es vista como un tabú, como algo vetado o, como mínimo, algo relevante y extraordinario, y Mosca nos la muestra como lo trivial e irrelevante que en realidad es.

Los hermanos Wallenda caen de la torre sin que nadie se percate y mueren de manera instantánea sin que nadie repare en ellos o se lamente. Entonces, así como no solemos reflexionar acerca de la vida, esta gente no se detiene a reflexionar acerca de la muerte. Sólo Ferdinand Wallenda recuerda lo vivido y nos hace revivir esa muerte (¿es eso posible?) mediante sus recuerdos de una manera sumamente poética. La muerte de los hermanos Wallenda, en todo caso, se presenta ante el lector como una obra de arte; pero para los personajes no es motivo de reparos.

Además, Stefanía nos plantea la idea de la muerte como dadora de vida mediante la historia de Sheyla; no importa si en este relato toma el cuerpo de Rosamelia, la contorsionista.

Sheyla muere decapitada por una lámina de acero y calcinada en el submundo amorfo de Mi Pequeño Mundo, y es esta muerte la que le da vida y protagonismo a Rosamelia, la contorsionista. Cabe acotar que la deformidad física de los personajes es la menor y menos significante de las que se conglomeraban en ese bar de enanos.

Rosamelia, que fue una de las causantes del incendio que destruyó Mi Pequeño Mundo, nunca dejó de ser Sheyla ante los ojos de Eugenio Celeste, y esta transformación en una de sus víctimas es la que le permite escapar de su identidad previa y el negro destino que ésta le deparaba.

Al final del relato Rosamelia pierde la vida decapitada por un león (¿Decapitada? ¿O sólo le cortó la yugular?… Realmente no importa, igual es un Déjà vu) y de manera casi inmediata nace dentro del relato otra Sheyla. Cobra vida dentro de la historia una nueva pelirroja que le da sentido de nuevo a la existencia de Eugenio Celeste.

Entonces, la muerte como dadora de vida; ¿Es eso posible? De acuerdo con Émile Cioran “No corremos hacia la muerte; huimos de la catástrofe de haber nacido” Esto tiene sentido si consideramos que al nacer pasamos de la no existencia a la existencia y que al morir volveremos al estado inicial; la no existencia. Entonces, la no existencia es la condición primigenia y primordial para comenzar a existir.

Para la autora y para Eugenio Celeste sólo es necesario que no exista Sheyla para que ésta salte de nuevo a la existencia. Tantas veces Sheyla muera, tantas podrá volver a nacer; tantas deberá volver a nacer. Porque ¿qué es el mundo sin Sheylas; sin Leit Motiv?.

También hay que mencionar que según Martin Heidegger, el ser es la libertad hacia la muerte. Es decir; nosotros en el mundo nos caracterizamos como un todavía no. Esto nos provoca, según Heidegger, el estado que conocemos como ansiedad.

Stefanía Mosca, a mi parecer, explota de manera increíble este estado de ansiedad en El Circo de Ferdinand. Con sólo leer unas pocas páginas de la novela uno se da cuenta de que algo terrible ha pasado y algo terrible pasará; de que la muerte espera en los dos extremos del relato. Y no puedo describir sino como ansiedad el sentimiento que acompaña al lector a lo largo del relato, mientras escapa de la muerte sólo para acercarse más a ella.

La huida como forma de vida

Los personajes de Stefanía Mosca son personajes en constante huida. Huyen de sí mismos, huyen de los demás, huyen de las convenciones; simplemente huyen.

Arjimiro Briceño y Margarita Daboín huyen de quienes fueron y del futuro que esas identidades les deparaban, Flavio Herrera Paravacino huye de los formalismos, Madama Estuarda huye de la “plebe”, y tenemos a una Sheyla que huye de la muerte y el olvido (¿O es Eugenio Celeste el que huye de un mundo sin Sheyla?). El punto es que si consideramos el mundo bajo las formas de la alteridad, es necesario considerar la vida como una constante huida. Si todo se da en binomios, todo lo que hacemos nos lleva a elegir un lado de la balanza y, consecuentemente, escapar de lo que sea que haya en el otro. Así sea que elegimos ser títeres indiferenciados de la sociedad de masas, estamos huyendo de la originalidad y el cambio.

Rosamelia rememoró un animal imposible: la quimera

Según Stefanía Mosca en este corto pero profundísimo capítulo de El Circo de Ferdinand, el circo hace de lo real lo imposible y, por lo tanto, no podría hacer nada con una quimera, ya que éste animal ya es imposible.

De acuerdo con esto, el circo se encarga de producir máscaras interesantísimas. Para lo salvaje produce una máscara de docilidad, para lo amorfo, un antifaz de belleza (por ejemplo, Rosamelia, la enana erótica). El circo toma aquéllo que es inaceptable y lo disfraza para que pueda encajar dentro de una sociedad y producir, cuando no asombro, risa. ¿Pero qué pasa si hay algo que ni con mil máscaras podría encajar? Entonces, no importa lo único y lo bello que este algo pueda ser, está condenado a morir o, peor aún, a permanecer en la muerte ya que para la sociedad, nunca existió.

Sólo existe para nosotros lo que hemos experimentado; y además, sólo hacemos el esfuerzo por experimentar lo que la sociedad nos dice que podemos experimentar. Si alguien se sale de las fronteras de lo que socialmente existe, es considerado como loco. ¿Y qué si la locura fuese no ver sólo porque te han dicho que no veas? ¿Y si fuese loco resumir la naturaleza en lo “very typical”;  “en sus atardeceres y auroras boreales, en los colibríes y las mariposas”?

Unos medios dadores de vida (o muerte)

Si sólo existe lo que la convención dicta como existente y con las características con las que ésta determina, entonces los medios son, indudablemente, una fuerza creadora y destructora, capaz de edificar o demoler sociedad y vida a su paso.

A Stefanía Mosca no se le escapa este rasgo tan característico de la sociedad posmoderna y plantea a los medios de comunicación como domadores o encantadores de serpientes de ese gran circo que para ella es la sociedad caraqueña. Los medios en este relato no sólo ayudan a magnificar la boda del alcalde mayor, don Flavio Herrera Paravacini, hasta el punto en que la implantan en la mentalidad colectiva como el evento del año. ¿A quién le importa con quién y cómo se casa un alcalde? (A todos si de ello nos convencen los medios de comunicación).

Los medios también segmentan la realidad a su parecer. Si el criterio de segmentación es objetivo, artístico o esquizofrénico, eso es lo de menos. Además, los medios deciden en dónde enfocar el lente; a qué cosas hacerles zoom in, a cuales otras hacerles zoom out y cuales más sacar totalmente del encuadre. Esto se ve reflejado en El Circo de Ferdinand; especialmente en la historia de L’Homme Sauvage como guardián de la carpa de circo.

El Hombre Salvaje cumple eficientemente su papel de espantar a la muchedumbre y causar terror hasta que los medios deciden neutralizarlo. Basta con que los medios digan tres palabras para que los monigotes expectantes se convenzan de que el salvaje está allí para protegerlos a todos. ¡Qué adorable el salvaje!

Entonces si sólo somos títeres y si, aún peor, los titiriteros son seres amorfos y dignos de un espectáculo circense, ¿a dónde vamos?. Ante esta pregunta Stefanía Mosca plantea que “el futuro no es, y no hay nada, ni siquiera palabras que adosar en ese inmenso espacio inédito que se le presenta a una sociedad sin respuestas”.

Si el hombre del nuevo milenio es un mediocre carente de virtudes propias, el futuro deja de ser; ya no es ni siquiera espacio publicitario para sueños y posibilidades de otros.

 La máscara enmascarada

La religión es una de las máscaras a través de las cuales tratamos de reducir la alteridad de la vida y la muerte. De acuerdo con Robert Niemeyer, “los humanos crearon un orden social que les ayudará a evitar su mortalidad”. Sin embargo, la religión en sí misma presenta dualidades y se esconde detrás de las máscaras no sólo de la verdad vs. la ficción sino también del deber ser vs. el ser.

Stefanía Mosca hace una gran parodia de la religión al desproveerla de toda credibilidad y de uno de sus pilares principales; la certeza de que sólo nuestra religión (sea la que sea) es la verdadera.

La historia contada en El Circo de Ferdinand gira en torno a la boda del alcalde mayor de San Casimiro La Bella, que se desarrolla en el circo de los hermanos Wallenda. Esta historia no sólo devela la dispensabilidad de la iglesia como infraestructura, sino también pone en duda el carácter absoluto de la verdad eclesiástica.

Además, dentro de la carpa de circo hay desde curas hasta rabinos, pero figuras religiosas como crucifijos, biblias, vírgenes o estrellas de David; eso no. De hecho, cuando aparecen pasajes de la biblia, están modificados de acuerdo a los intereses del narrador de turno. ¿Pero no es ésto lo que viene ocurriendo desde los principios de la religión; desde la misma escritura de los testamentos hasta la selección de cuáles estarían en la biblia?

Elois en el circo

Al leer el Circo de Ferdinand me es casi imposible no relacionar a los miembros de esta sociedad circense con los Eloi de H. G. Wells en The Time Machine. En ambos casos los avances tecnológicos y el sistema capitalista han llevado a la raza humana a convertirse en hermosos muñequitos precarios y hedonistas cuyo futuro se les escapa totalmente de las manos. Además, ambas clases de seres han construido a su enemigo y han trazado el camino de su propia destrucción.

Mientras los Eloi tenían a los Morlock, los caraqueños; por no extrapolar la novela de mosca a otras sociedades; tenemos a los medios, y ambos monstruos cosechan a sus contrapartes sólo para alimentarse de ellas.

No sé cuál haya sido la intención de la autora con el final trágico de la novela El Circo de Ferdinand, pero ciertamente se puede ver como una predicción del colapso de los sistemas precarios que hemos ido construyendo.

A medida que uno va leyendo el libro, se va percatando de cosas pequeñas que podrían desancadenar grandes catástrofes: los novios que se casan dentro de la jaula del domador, los niños de los anillos que están montados en leones bebés, el sistema de seguridad basado sólamente en un hombre salvaje. Al final, aunque el caos comienza por un terremoto, todos estos pequeños detalles tienen incidencia en la magnitud que adquiere la mano aplastante de la muerte.

Entonces, si estamos de acuerdo en que el circo con todos sus participantes no es más que una gran alegoría de la sociedad caraqueña, podemos llegar a pensar que, ante los ojos de Stefanía, nuestra sociedad tenía elementos como estos que la llevarían eventualmente a una catástrofe. Así como los personajes del Circo de Ferdinand no se percataron, o no le dieron verdadera importancia, a los detonadores del fin que estuvieron plantando, los caraqueños estamos sembrando y alimentando a ciegas la semilla de nuestro colapso en muchos sentidos.

Ahora, ante esta clase de panoramas, planteados por dos autores muy distantes tanto en tiempo como en espacio, pero cercanos ideológicamente (ambos simpatizaban con los planteamientos marxistas), sólo nos queda preguntarnos ¿cuál es la solución?.

Si le volteamos la cara a la moneda, encontramos panoramas como el planteado por George Orwell en Animal Farm.

¿Preferimos ser los caballos, gallinas y ovejas manejados por cerdos o los Eloi indefensos devorados por Morlocks?

Anuncios

Acerca de adriag91

B.A. in Mass Communication with focus on editorial design and a M.A in Marketing. I'm a venezuelan living in Spain.
Esta entrada fue publicada en Otras. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s